Necesidad de una revisión autocrítica.

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Imagen de época - Revista Aeroespacio.

Por Marcelo R. Cimino Argondizzo

Por enésima vez, el futuro de todos nuestros Programas Aeronáuticos, nuevamente ingresan en una suerte de “veremos”, atentando con  echar por tierra recursos y miles horas hombre vertidas en los tan “tan ansiado” Procesos de……

Parte de nuestro ADN, se constituye por reincidencias y fracasos, en contraste con la concreción de logros extraordinarios en tiempo récord. Hay ejemplos de lo bueno, ejemplos de lo malo, también mucho desinterés en casos puntuales, desde ya, también desidia etc. Así van pasando los años. Somos una Nación que no sabe valorar sus herramientas, ni sus posibilidades, refugiándonos en decenas de pretextos. Claro que, en el crisol del debate, resulta que todos tienen algo de razón, no obstante, lo recurrente es que no logramos concretar nada, enfrascándonos en toneladas de escusas.

Lo cierto es que las buenas ideas, los buenos proyectos, se atascan, y no avanzan, pasando a quedar en la estela del olvido. Para luego desembocar en la nostalgia; “en el año de la «garompa», éramos capaces de hacer volar un sofá!!!!!”, “durante el gran premio internacional de la «santa ligustrina», nuestra participación fue tremenda, hasta que el diablo metió la cola!!!!”, ó “en el año del «Plastitel», fuimos una gran potencia emergente!!!!”, “ en 1894, la primer «vacuna de la flatulencia rubia», se hizo aquí!!!!!”, y así hasta la eternidad.

Lo cierto es que en nuestro conglomerado, por estupidez e incapacidad, tardamos en fabricar dos embarcaciones menores para la A.R.A, en el mismo tiempo que una potencia demora en hacer dos portaaviones nucleares, o algún astillero coreano unos 200 porta contenedores gigantescos. Planteamos un programa de elección de un vehículo  8×8 y luego pasan 15 años, sin que se materialice, ni un almanaque de taller de chapa y pintura. O tardamos en remotorizar y modernizar un biturbohèlice de mediana tecnología, más del doble de tiempo, que insumió construir los 106 ejemplares de su serie original. 

Es un hecho, no hay posibilidad de error al auto-calificarnos que; como Nación somos un verdadero desastre. Demás está decir que, tanto quien escribe como muchos de ustedes, estimados lectores, somos de la idea de mover montañas a pura rotura de “tujes”, tal como hacemos a diario, tratando de llevar el sustento a nuestros hogares.

Si bien, cada proyecto lleva su tiempo, la clave del éxito es vencer los obstáculos que se presentan, inexorablemente en tiempo y forma, a través hitos intermedios concretos (y no a medias!!!!). Los cuales, además de incentivar a los involucrados, marcan una senda de motivación y temple, ante los desafíos. Similares condiciones se requiere de las clases dirigentes, viendo más allá de las narices, tras un hilo conductor, en búsqueda del desarrollo.

Quienes seguimos la industria para la defensa, y los programas estratégicos desde hace varias décadas, sabemos perfectamente que todo proyecto necesita además de la parte técnica, del apoyo político y de los fondos necesarios, dentro de una visión despojada, generosa, estadista (patriota le dicen en mi barrio).

Sin esas tres condiciones, no se obtiene ningún resultado. Con ver el desarrollo en el tiempo de las capacidades logradas en satélites y sensores, podemos comprobarlo. En nuestra propia Argentina, eh! No estamos hablando de Suecia o Dinamarca.

Basta observar los años que ha llevado el desarrollo del actual Osprey, el puntapié estatal en el Space X, o el propio A 400M. Se entiende cuando lo estratégico es más importante que los tiempos y recursos. O cuando es necesario que un proyecto tecnológico, nivele e integre, a una asociación de naciones. Seguramente, los citados hayan sido blanco de críticas, no obstante allí están los resultados.

Tal vez un político pedorro, de estos que nos toca soportar, en su paseo temporal por el cargo, intente tomarnos por idiotas, señalándonos que el camino a la soberanía tecnológica, es ir a paso de tortuga coja. Provocando, tras las exasperantes demoras y ausencia de logros, que aparezca luego un iluminate, quien proceda automáticamente a destruir absolutamente todo. De manera que nunca más creamos que podemos producir algo.

En rigor de la verdad, la sumatoria de ineficiencias conduce la desaparición de las capacidades – que tanto costaron lograr, incorporar y sostener -. De allí que no podemos permitirnos fallar, siendo que, la demora extrema, la discontinuidad y la carencia de resolutividad, son el combustible justo del exterminio. Precisamente, en ese escarnio se encuentran hoy el IA-63 Pampa, el IA-100 Malvina, el IA-58 Pucará H y la recuperación del P-3B Orión.

A esta altura debo aclarar que, si alguien interpreta lo expresado, como un matizado de tinte político en particular, solo puedo responder que ha pasado mucha agua partidaria bajo el puente, siendo el fracaso único factor común entre todas ellas. Y está última, al menos hasta aquí, apunta exactamente a lo mismo.

Lo cierto es que más allá de las evasivas y justificaciones; las diferentes conducciones pudieron haber hecho mucho más, sin embargo no lo hicieron y así estamos.

Conclusión, hoy los diferentes Programas nuevamente se encuentran jackeados por múltiples factores – nada complejo, solo más de lo mismo – con el agravante que el tiempo se agota. Si no somos capaces de hacer una revisión autocrítica y dar vuelta estas realidades, merecemos plenamente, estar donde estamos y como estamos.

PD: si molestó; perdón por el lunfardo y el arrabal.

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