Por Marcelo R. Cimino Argondizzo

La recuperación del KC-130H TC-70 constituye una necesidad cada vez más apremiante para la Fuerza Aérea Argentina. Una contratación cercana a los doce millones de dólares abre la posibilidad de avanzar en su puesta en servicio, pero también plantea un interrogante: ¿puede una asignación presupuestaria revertir, en apenas unos meses, las consecuencias de años de discontinuidad financiera, deterioro logístico y pérdida de capacidades industriales?

La situación que atraviesa la flota Lockheed Martin C-130 Hércules de la Fuerza Aérea Argentina (FAA) continúa siendo motivo de preocupación. Una capacidad estratégica indispensable para el transporte militar, el sostenimiento de operaciones antárticas y el cumplimiento de múltiples compromisos operativos se encuentra actualmente reducida a una disponibilidad extremadamente limitada.

La Fuerza Aérea necesita disponer de un mínimo de tres aeronaves operativas para atender simultáneamente sus obligaciones, particularmente aquellas vinculadas con el sostenimiento antártico. Sin embargo, de acuerdo con la información recabada por Full Aviación, la disponibilidad efectiva se encuentra actualmente reducida a un solo ejemplar.

En este contexto, se conoció una nueva contratación prevista entre la Fuerza Aérea Argentina y la Fábrica Argentina de Aviones «Brigadier San Martín» (FAdeA), por un monto de USD 11.921.722, destinada a recuperar capacidades operativas del sistema Hércules, teniendo como uno de sus objetivos centrales la finalización de los trabajos sobre el KC-130H matrícula TC-70.

El instrumento contempla trabajos vinculados con la continuidad de la inspección mayor PDM/Isócrona de la aeronave, así como la recuperación de capacidades relacionadas con motores, componentes y sostenimiento logístico. Sin embargo, conviene establecer una distinción: la existencia de un procedimiento contractual y la asignación de recursos no equivalen necesariamente a la disponibilidad inmediata de los fondos ni, mucho menos, a la recuperación efectiva de una aeronave.

El TC-70 permanece desde hace tiempo en las instalaciones de FAdeA, donde se han ejecutado diferentes intervenciones de mantenimiento. Su recuperación resulta especialmente relevante tanto por sus capacidades de transporte como por su condición de aeronave de reabastecimiento en vuelo. Devolverlo al servicio permitiría comenzar a recomponer una disponibilidad que hoy resulta insuficiente frente a las necesidades de la Fuerza Aérea.

El contrato y una fecha que plantea interrogantes

Uno de los aspectos que despierta mayores interrogantes es el establecimiento del 2 de abril de 2027 como fecha objetivo para la recuperación del TC-70. El plazo resulta particularmente exigente si se consideran las condiciones financieras e industriales de FAdeA, los trabajos pendientes y, fundamentalmente, la situación de su cadena logística.

Para completar una inspección mayor no alcanza con disponer de una partida presupuestaria. Es indispensable contar con los componentes necesarios, materiales complementarios, servicios especializados y personal técnico capaz de ejecutar las tareas conforme a las exigencias de la industria aeronáutica.

Y aquí aparece una cuestión que suele quedar relegada frente a los anuncios presupuestarios: los tiempos de la industria aeronáutica no responden a las urgencias operativas ni a los plazos establecidos administrativamente. Incluso si los aproximadamente seis millones de dólares previstos para materiales fueran transferidos inmediatamente, ello no significaría que FAdeA pudiera disponer de todos los repuestos necesarios en el corto plazo.

Determinados componentes pueden requerir fabricación bajo pedido o tiempos de espera de reposición, procesos de certificación y trazabilidad, autorizaciones de exportación y transporte internacional. Según su naturaleza y disponibilidad, estos procedimientos pueden demandar varios meses e incluso superar el año. Por lo tanto, el verdadero interrogante no reside exclusivamente en cuándo estarán disponibles los fondos, sino también en cuándo podrán recibirse los materiales necesarios para completar los trabajos.

Foto: Fuerzas de Defensa Argentinas- En la imagen el TC-61, ejemplar modernizado que requiere cambio de CWB mandatorio.

Una cadena logística deteriorada

Otro de los aspectos que merece especial atención es la situación comercial de FAdeA frente a sus proveedores nacionales e internacionales. La empresa arrastra obligaciones económicas pendientes que han condicionado su funcionamiento y deteriorado sus relaciones comerciales, precisamente en un sector donde la confianza y el cumplimiento de los compromisos resultan fundamentales.

En el caso del Hércules, se trata de un sistema ampliamente difundido internacionalmente, respaldado por una extensa red de fabricantes, proveedores, distribuidores y talleres especializados. Por lo tanto, el interrogante no pasa por la antigüedad del modelo o una escasez generalizada de componentes, sino por la capacidad efectiva de FAdeA para acceder a esa cadena de suministros.

Las obligaciones pendientes podrían dificultar nuevas adquisiciones, ya sea por exigencias de regularización de deudas, modificaciones en las condiciones comerciales o requerimientos de pagos anticipados. En consecuencia, habrá que determinar hasta qué punto los recursos previstos permitirán adquirir los componentes necesarios sin demoras adicionales.

Cabe precisar que no está demostrado que los fondos de la nueva contratación deban destinarse a cancelar deudas anteriores. Sin embargo, la existencia de obligaciones pendientes constituye un riesgo financiero y logístico que no desaparece por el solo hecho de anunciar una nueva asignación de recursos.

Una PDM que no comienza de cero

Hay un aspecto que merece destacarse: los trabajos sobre el KC-130H TC-70 no comienzan con esta nueva contratación.

En rigor, FAdeA ya ha concretado parte de las intervenciones correspondientes a su inspección mayor, mediante el cumplimiento de distintos Boletines de Servicio (BS) y otras tareas que demandaban fundamentalmente mano de obra propia. Estos trabajos fueron ejecutados aun sin disponer de un contrato que garantizara su continuidad financiera, recurriendo en ocasiones a desembolsos discrecionales que no constituían un flujo regular de fondos.

Es decir, la fábrica continuó trabajando sobre el Hércules pese a carecer de un respaldo contractual y financiero acorde con las necesidades de un programa de mantenimiento mayor. En contrapartida, buena parte de las tareas pendientes se encuentra condicionada por la adquisición de componentes, repuestos y materiales que requieren disponibilidad presupuestaria y procesos de contratación.

A ello se suma que el alcance definitivo de una inspección PDM no siempre puede establecerse anticipadamente con absoluta precisión. Durante las inspecciones pueden detectarse novedades estructurales o condiciones técnicas no previstas que demanden soluciones de ingeniería, sustitución de componentes o trabajos adicionales.

De allí que cada nuevo hallazgo pueda modificar la planificación y extender los tiempos de ejecución. Por lo tanto, el avance alcanzado en la PDM constituye un antecedente importante, pero no permite establecer con exactitud cuánto tiempo demandará completar las tareas restantes.

Foto: FADEA, mantenimiento motores Allison

El deterioro de una capacidad industrial

Durante los últimos años, la empresa ha sufrido una pérdida sostenida, por goteo, de personal altamente especializado, incluyendo técnicos, ingenieros y profesionales con una extensa trayectoria en mantenimiento aeronáutico. Se trata de un proceso de larga data que, lejos de revertirse, continuó profundizándose, afectando la preservación de conocimientos y capacidades industriales acumuladas durante décadas.

Si bien esta situación no impidió que continuaran ejecutándose determinados trabajos sobre el TC-70, corresponde distinguir entre conservar la capacidad de realizar intervenciones puntuales y disponer de la estructura profesional necesaria para sostener, con continuidad y dentro de los plazos requeridos, un programa de mantenimiento mayor.

Una inspección PDM de un Hércules requiere la intervención coordinada de especialistas en estructuras, ingeniería, ensayos no destructivos, control de calidad, planificación, procesos industriales y logística.

No se trata simplemente de disponer de una determinada cantidad de empleados, sino de conservar equipos de trabajo con experiencia acumulada y conocimientos específicos. Una capacidad industrial puede deteriorarse durante años y, aun cuando finalmente aparezcan los recursos económicos, su reconstrucción no necesariamente puede concretarse en pocos meses.

FAdeA dispone de infraestructura y antecedentes técnicos que constituyen un patrimonio estratégico para el país. Sin embargo, corresponde preguntarse cuánto de aquella capacidad efectiva ha podido preservarse frente al deterioro financiero, la pérdida de personal y la discontinuidad de los programas de trabajo. Donde recuperar un avión es una necesidad operativa. En tanto, preservar la capacidad nacional de ejecutar su mantenimiento mayor constituye una necesidad estratégica.

Las responsabilidades no comenzaron con este contrato

Sería un error atribuir la situación exclusivamente a las dificultades que atraviesa FAdeA, como también lo sería diluir las responsabilidades actuales entre problemas heredados.

La fábrica arrastra desequilibrios estructurales y financieros de administraciones anteriores, incluyendo restricciones a las importaciones, pérdida de capacidad adquisitiva y una estructura de gastos no siempre acorde con su actividad productiva. Sin embargo, fue durante la actual administración nacional, particularmente bajo la gestión de Luis Petri en Defensa, cuando la discontinuidad contractual y el desfinanciamiento profundizaron una situación ya delicada, acelerando la pérdida de recursos humanos especializados y comprometiendo la capacidad de respuesta industrial.

A ello se suma una práctica recurrente en ciertos mandos militares: permitir el deterioro progresivo de determinadas capacidades, esperando que la urgencia operativa terminara provocando una respuesta del poder político. Una lógica que rara vez dio resultados oportunos y que terminó incrementando costos y plazos de recuperación.

El sostenimiento de una flota militar exige continuidad contractual, previsibilidad financiera y decisiones oportunas. La subordinación al poder político no exime a la conducción militar de su responsabilidad profesional de advertir sobre las consecuencias de la falta de recursos y defender técnicamente la continuidad de sus capacidades operativas.

En el medio, los hombres

Detrás de cada aeronave inmovilizada, de cada inspección demorada y de cada programa que pierde continuidad, existe una dimensión que pocas veces ocupa el lugar que merece: los hombres y mujeres que sostienen esas capacidades.

En el caso de FAdeA, técnicos, mecánicos, ingenieros, inspectores y especialistas continuaron ejecutando trabajos sobre el TC-70 aun en un escenario de incertidumbre contractual y financiera. Ese esfuerzo profesional merece ser diferenciado de las decisiones administrativas y presupuestarias que condicionaron la continuidad de los trabajos.

Dado que una cosa es disponer de los conocimientos necesarios para realizar una intervención y otra muy distinta es contar con los materiales, herramientas, condiciones de trabajo y respaldo financiero indispensables para llevarla adelante. A su vez, cuando la falta de previsibilidad se prolonga, también se deterioran las posibilidades de retener y formar nuevas generaciones de especialistas.

Por eso, reducir la situación de FAdeA a una discusión sobre montos contractuales significa desconocer una parte sustancial del problema. Los recursos humanos especializados no son un componente más de la cadena industrial: son precisamente quienes hacen posible que esa cadena funcione.

El KC 130H TC-69 es hoy el único Hercules en servicio

Mucho más que recuperar un Hércules

Finalmente; la contratación prevista representa una oportunidad necesaria para avanzar en la recuperación del TC-70 y comenzar a recomponer la disponibilidad de la flota Hércules. Asimismo, puede interpretarse como parte de una dinámica de reactivación de iniciativas en materia de Defensa que comienzan a traducirse en decisiones concretas.

Sin embargo, sería imprudente interpretar que la asignación de casi doce millones de dólares constituye, por sí misma, una solución definitiva, particularmente cuando parte de ese monto corresponde a tareas ya realizadas.

Persisten interrogantes sobre la disponibilidad efectiva de los fondos, la situación comercial con los proveedores, los componentes pendientes y la capacidad industrial para completar los trabajos. En este escenario, la fecha del 2 de abril de 2027 constituye un objetivo extraordinariamente exigente, condicionado por factores técnicos, financieros y logísticos que no pueden darse por resueltos.

Por otra parte,, la sucesión de decisiones y avances registrados en materia de Defensa junto con las recientes señales de una revisión de la posición del presidente Javier Milei respecto de cuestiones vinculadas con Malvinas —particularmente frente al proyecto Sea Lion—, la soberanía y la proyección austral argentina, permiten advertir una dinámica que merece atención. A ello se suma la impronta estratégica del ministro de Defensa, Carlos Alberto Presti como objetivo de gestión.

Si bien todavía resulta prematuro determinar la continuidad y profundidad de esta orientación, lo cierto es que distintas iniciativas han comenzado a traducirse en hechos concretos. Sin embargo, ninguna redefinición estratégica estará completa si no contempla la recuperación y preservación de las capacidades operativas e industriales necesarias para sostenerla.

Porque la Argentina no solamente necesita recuperar aeronaves. Necesita preservar y fortalecer las capacidades industriales que permitan sostenerlas durante las próximas décadas. De poco serviría avanzar en el reequipamiento militar si, paralelamente, se continúa debilitando la estructura industrial y tecnológica indispensable para garantizar su sostenimiento.

Y mientras las prioridades estratégicas comienzan a redefinirse, la Fuerza Aérea Argentina continúa necesitando sus Hércules. Puesto que las obligaciones operativas no esperan a que se resuelvan los problemas administrativos, y mucho menos a que se reconstruya aquello que nunca debió permitirse deteriorar.

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