Por Marcelo R. Cimino Argondizzo

Más allá de sus prestaciones y sofisticados sistemas de control, el F-16 fue concebido alrededor de un factor que ninguna tecnología puede reemplazar: el ser humano. Desde el diseño de la cabina y el entrenamiento fisiológico hasta los sistemas de protección antigravedad, cada elemento busca que el piloto pueda aprovechar al máximo las capacidades del Viper.

El S.Arm F-16 AM/BM incorpora un sistema de control de vuelo Fly-by-Wire, mediante el cual las órdenes que el piloto introduce al stick son procesadas por las computadoras de control de vuelo y traducidas en la respuesta de las superficies de control. Una precisión que permite al Viper explotar sus prestaciones al máximo y que, al mismo tiempo, coloca al piloto frente a las elevadas exigencias fisiológicas que esas prestaciones pueden generar.

Una de las características que mejor permite comprender el concepto detrás del diseño del F-16 es su capacidad para soportar elevadas cargas de aceleración. El límite operacional de la aeronave se encuentra en 9 G, cifra esta, estrechamente vinculada con las limitaciones fisiológicas del ser humano. La estructura del F-16, sin embargo, fue concebida con un margen de resistencia superior a esa carga límite (11 G), poniendo de manifiesto no solo la robustez de su diseño, sino también el criterio empleado para establecer una envolvente operacional segura.

El propio diseño de la cabina contempla esta condición. Tal es así que el asiento del F-16 se encuentra reclinado aproximadamente en un ángulo de 30 grados, en procura de favorecer la tolerancia del piloto frente a las aceleraciones positivas.

A esto se suma un exigente proceso de selección y entrenamiento. Independientemente de la experiencia y aptitudes del piloto, una excelente condición física constituye un requisito sine qua non para tolerar las elevadas cargas G. Por ese motivo, la Fuerza Aérea Argentina recurre a la evaluación en la centrífuga humana de Wright-Patterson, la cual permite reproducir esas condiciones y entrenar la tolerancia a las aceleraciones, la ejecución de la AGSM (Anti-G Straining Maneuver) y el reconocimiento temprano de síntomas como la visión en túnel, el blackout apagón visual- y el G-LOC -pérdida de conciencia-, incluso incorporando tareas cognitivas bajo estrés fisiológico.

Imagen: Gentileza Fuera Aérea Argentina

De allí que la disposición del asiento, el entrenamiento en AGSM y la propia tolerancia fisiológica del piloto, se encuentren directamente relacionados con aquello que señalábamos más arriba, respecto de los inputs que el piloto introduce al stick. Es decir, cuanto menos condicionado se encuentre el piloto por las G durante el combate, mayor será su capacidad para responder con precisión y eficacia en el desarrollo del mismo.

Es en este contexto donde adquiere especial relevancia uno de los elementos que pudimos observar durante la visita del 29 de julio pasado a RCU: la nueva Suite Anti G , incorporados al equipamiento de los pilotos del F-16, correspondientes a una evolución más reciente de los sistemas tradicionalmente utilizados para la protección frente a las fuerzas G, exactamente las utilizadas en los F-35 y F-22 de la USAF.

Su incorporación constituye otro indicador de la profundidad de la transformación asociada a los Vipers argentinos, que no se limita a la aeronave y sus sistemas, sino que alcanza también al equipamiento individual de sus tripulaciones.

Dentro de esta nueva generación de Suite anti G se encuentran los Advanced Technology Anti-Gravity Suit (ATAGS), identificados en la documentación estadounidense mediante la denominación CSU-23/P, como evolución de los tradicionales trajes antigravedad. El desarrollo de estos sistemas responde a la necesidad de acompañar las crecientes prestaciones de los modernos aviones de combate y mejorar la protección fisiológica de sus tripulaciones.

COMBAT EDGE es, el sistema integral de soporte de vida (Tactical Life Support System) diseñado para sincronizar la respiración a presión positiva con la compresión del traje anti-G, protegiendo al piloto en maniobras de hasta +9

El sistema incorpora un sistema cámaras inflables que cubre abdomen, muslos y pantorrillas, el cual se conecta directamente al sistema Anti-G de la aeronave. Cuando recibe presión, comprime esas zonas del cuerpo, contribuyendo a evitar el desplazamiento excesivo de sangre hacia las extremidades inferiores durante las aceleraciones positivas y, de esta manera, a mantener el flujo sanguíneo hacia el cerebro.

Este tipo de equipamiento está específicamente concebido para reducir los efectos fisiológicos de las elevadas cargas G y el riesgo de G-LOC. En particular, el reciente ATAGS incorporado de nueva generación, proporciona aproximadamente 1,5 G adicionales de protección respecto del traje antigravedad convencional. Comprendiendo elementos nuevos en Pantalón antigravedad, Chaleco torácico de contrapresión, sistema de Vejiga en el Casco -recámara interna que se infla y presiona la máscara contra la cara, para que esta no se mueva y a la vez  mantenga un sello hermético de oxígeno- y la Máscara de oxígeno -que recibe el flujo regulado a presión positiva de oxígeno durante el combate-.

De esta manera, la armonía entre el diseño estructural, los mandos Fly-by-Wire, la posición del asiento, el arduo entrenamiento fisiológico y, especialmente, sumados al nuevo sistema antigravedad de última generación, convergen en una integración optimizada que permite a nuestros pilotos aprovechar al máximo las prestaciones del Viper, dentro de márgenes de seguridad aún mayores.

En definitiva, los 9 G no representan simplemente un número en las especificaciones del F-16. Expresan el punto en el que convergen el diseño de la aeronave, sus sistemas de control y las capacidades fisiológicas del hombre que la conduce. La sofisticación del sistema no reside únicamente en cuánto puede hacer el avión, sino en cómo fue concebido para que el piloto pueda aprovechar esas capacidades.

En última instancia, detrás de cada maniobra llevada al límite existe una interacción permanente entre hombre y máquina. El F-16 aporta la tecnología, la estructura y la capacidad de maniobra; el piloto, la decisión y el control. Entre ambos existe un límite que no está definido únicamente por lo que puede soportar la aeronave, sino también por lo que el ser humano puede soportar y ejecutar. Esa integración es, quizás, una de las mejores expresiones de la sofisticación que implica incorporar un sistema de armas como el Viper.

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