Por: Marcelo R. Cimino Argondizzo
El 29 de septiembre, seis cazas F-16AM/BM Fighting Falcon completaron con éxito el segundo vuelo Ferry al aterrizar en el Área Material Río Cuarto (RCU), culminando una exigente operación que unió Dinamarca con la República Argentina, con dos escalas intermedias en España y una en Brasil.
El ferry estuvo integrado por cuatro F-16AM monoplaza y dos F-16BM biplaza que recorrieron más de 7.000 millas con el apoyo de aeronaves Boeing KC-135R Stratotanker de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos. Además, el traslado fue acompañado por un C-130 Hércules y un Boeing 737 de la Fuerza Aérea Argentina.
Más allá del hito histórico, hay un hecho que merece ser destacado: a diferencia del primer traslado, los F-16 fueron pilotados hasta la Argentina por un mix compuesto por pilotos argentinos y de Top Ace, mientras que el mantenimiento y la operación estuvo en su mayor parte, a cargo de personal técnico de la Fuerza Aérea Argentina. Tal es así que, este segundo Ferry significó, un paso concreto en la recuperación de capacidades propias sobre el nuevo Sistema de Armas( SdArm).

Tal vez un observador desprevenido o incluso los medios de prensa masivos, se queden con una imagen aislada de una compra, donde seis F-16 despeguen de un lejano reino, crucen el Atlántico, y finalmente aterricen en Río Cuarto, como un dato anecdótico, incluso hasta pintoresco. Lo cierto es que, para el más avezado, e incluso para “el ojo estratégico” mundial, con el adelantamiento en el tiempo y la concreción del segundo traslado de Cazas F-16 AM/BM la Fuerza Aérea Argentina (FAA) dejó en claro la férrea voluntad de recuperar el tiempo perdido.
Con el pasar de las horas, al bajar la efervescencia propia de años de “morderse por dentro” teniendo que saborear obligadamente tanta desidia, tanta ineptitud y tanto falso profeta intentando convencer al pueblo argentino que desarmados e indefensos estaríamos mejores.
Se puede observar claramente, como nuestra Arma aérea optó por salirse de un esquema de confort y seguridades, asumiendo completamente la planificación del ferry, optimizando recursos materiales implicados en el traslado. Capitalizando las enseñanzas del entonces Ferry I – este en sus líneas principales a cargo de los daneses –
Incluso, si se quiere,tomando riesgos profesionales, los cuales son propios de una Fuerza de combate, yendo de frente a la adversidad con nóveles pilotos en el SdArm, puesto que el grupo de profesionales formados en Tucson comenzaron el curso no más allá de un año y medio a esta parte, en tanto los pilotos formados en RCU, tienen a la fecha no más de siete meses volando el F-16. Y, así y todo, se afrontó un cruce sobre el Océano Atlántico con múltiples reabastecimientos en vuelo, que ni los propios daneses, con décadas operando el Sistema, habían realizado hasta el Ferry I.

Si bien es cierto que el Ferry II tuvo apoyo estadounidense, en principio con tres reabastecedores KC-135R, culminando la segunda mitad del raid con solo dos tankers —tres operando en el Ferry I, más otros dos en reserva—, cabe destacar que la misión estuvo comandada por un Oficial del Programa F-16 (Mission Commander), mientras que el mantenimiento de las aeronaves estuvo a cargo de personal de la Fuerza Aérea Argentina, con el asesoramiento de un reducido grupo de especialistas daneses.
Durante las cuatro piernas que constituyeron el traslado de los seis cazas multirrol, las tripulaciones estuvieron conformadas por pilotos de Top Aces y pilotos argentinos, entre ellos los primeros pilotos formados en Tucson, que cuentan con un mayor grado de formación y habilitación en el sistema —entre otras, en operaciones de reabastecimiento—, y aquellos que continúan su proceso de instrucción en RCU. A lo largo del propio raid, nuestros pilotos, quienes fueron rotándose, continuaron cumpliendo training en reabastecimiento, además de prácticas y procedimientos, propios de la experiencia particular. Por su parte, más allá de los pilotos formados en plataforma tras el arribo a RCU, otros pilotos que participaron de estas rotaciones, regresaron posteriormente a la Argentina, junto al personal tecnico, a bordo del T-99.
En rigor, nuestra FAA no tiene la presión operacional de una crisis en puerta, menos aún la de una nación en guerra. Tampoco la obligación de acelerar la incorporación de los F-16 AM/BM, máxime que la planificación sobre la llegada en lotes de los Cazas fue diagramada por ella. Tal es así que lo observado en estos últimos días con el Ferry II sea un mensaje per se.
De donde se deduce que además de la recuperación del tiempo perdido y de los desafíos profesionales, también algo hay de amor propio institucional junto a la necesidad de demostrar y de demostrarse que la FAA todavía puede asumir desafíos que exigen planificación, coordinación y conocimiento especializado.

Resumiendo, el Equipo F-16 demostró de que madera están hechos los hombres de nuestra Gloriosa Fuerza Aérea, desde lo más básico de la formación a los cursos más exigentes de cada una de las ramas de la institución. En muy poco tiempo, desde firmado el acuerdo con Dinamarca y Estados Unidos, recupero la capacidad resolver, en todos sus aspectos, una operación de gran complejidad como lo es un traslado con escalas desde distancias extraordinarias. Y a la vez, inició la recuperación practica de las técnicas profesionales en el reabastecimiento en vuelo.

Por lo pronto y para finalizar; la experiencia se está construyendo mientras la capacidad se recupera, lo que se necesita es continuidad, compromiso y seriedad política. Algo que parece sencillo, sin embargo en Argentina es todo un desafío.
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